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Más diseño y derecho de autor: El Ferrari 250-GTO llega por propios méritos a la meta…aunque detrás de la Vespa.

Más diseño y derecho de autor: El Ferrari 250-GTO llega por propios méritos a la meta…aunque detrás de la Vespa. Algún medio de comunicación español se ha hecho eco de una “Ordinanza” de la Sección especializada en Derecho de la…

Más diseño y derecho de autor: El Ferrari 250-GTO llega por propios méritos a la meta…aunque detrás de la Vespa.

Algún medio de comunicación español se ha hecho eco de una “Ordinanza” de la Sección especializada en Derecho de la empresa del Tribunal de Bolonia (Italia) en la que, en el marco de un procedimiento cautelar, se declara que el Ferrari 250 GTO (un automóvil “mítico”, como habría aconsejado añadir Flaubert si hubiera escrito hoy su Diccionario de los lugares comunes) es objeto de derecho de autor (La Vanguardia 30/6/2019). Ese concreto vehículo, por tanto, se reconoce como  “obra” y su creador (Sergio Scaglietti, 1920-2011) asciende post mortem al rango de autor (aunque a este respecto habría que contar con mayor información pues parece que Scaglietti se basó en trabajos previos de otros diseñadores y, a la postre, quizá incluso habría que considerar la posibilidad de calificar el vehículo como obra colectiva y/o obra derivada).

No disponemos de la “Ordinanza” [Nota: vid. infra]. Sabemos, no obstante, que se dictó en un procedimiento cautelar iniciado por la Ferrari contra una empresa de Módena dedicada a tunear vehículos clásicos y contamos, al menos, con la transcripción de algunos breves fragmentos significativos, incluidos en páginas jurídicas y automovilísticas: “la personalización de las líneas y de los elementos estéticos han hecho del Ferrari 250 GTO algo único en su género, un verdadero icono automovilístico”; “su valor artístico ha logrado un reconocimiento objetivo y generalizado en numerosos premios y declaraciones oficiales “ (vid. Diritto d’autore.it o Gazzetta.it). Una vez más se busca –y obtiene- la protección del diseño industrial a través del derecho de autor, en un caso en el que, de acuerdo con algunas informaciones, se habría intentado previamente sin éxito la vía de las marcas (Il sole 24 hore.com). Habrá que esperar a que se haga pública la resolución para conocer más detalles.

Ahora bien, como no ignoran los seguidores de este tipo de litigios, antes que el Ferrari, llegó a meta una Vespa. En este caso, los contendientes eran dos empresas chinas (como demandantes, después de haberse adoptado una medida cautelar en su contra) y la casa Piaggio (que ocupó la posición procesal de demandada y reconviniente). El “scooter” chino se parecía mucho a una Vespa…y se llamaba VES.

La  sentencia del Tribunal ordinario de Turín de 17/3/2017 (publ. 6/4/2017) dio la razón a Piaggio. El litigio se planteó en muchos frentes. Entre las cuestiones controvertidas se incluía la posibilidad de que la Vespa de Corradino d’Ascanio (1891-1981), por supuesto también mítica, tuviera la condición de “obra” objeto de derecho de autor, como había sostenido Piaggio en vía reconvencional.

Como señala la sentencia, el art. 2 de la Ley de Derecho de autor declara que también son protegibles “las obras de diseño industrial que presentan por sí carácter creativo y valor artístico”.  La forma de la Vespa, razona, nació como un objeto de diseño industrial “sin embargo, en el curso de decenios, ha adquirido tal cantidad de reconocimientos en el mundo artístico (no meramente industrial) […] que ha llegado a ser un icono del diseño artístico italiano […] Estos múltiples y excepcionales reconocimientos por parte de numerosas e importantes instituciones culturales, que incluyen la Vespa entre las expresiones más relevantes del diseño, confirman su carácter creativo y su valor artístico”. Tal carácter y valor “quedan acreditados y deben ser valorados en función del reconocimiento colectivo del mercado y de los ambientes artísticos, considerando el éxito de crítica, la concesión de premios, la presencia en museos, la participación en exposiciones [y] la difusión de publicaciones en revistas”.

Tras la cita de varias sentencias del Tribunal Supremo italiano y de una de un tribunal francés (TGI Paris, 7/2/2013, precisamente relativa a la Vespa), la resolución se adentra en un terreno interesante: el momento de referencia para las valoraciones y la calificación. Por lo visto las empresas chinas demandantes habían alegado que “la obra de arte debería ser tal desde el principio y haber sido creada precisamente con la intención de realizar una obra de arte”. Un alegato sin duda interesante, pero que el tribunal rechaza: “No se considera que el derecho de autor proteja únicamente un diseño industrial que en la mente del autor debiera tener carácter creativo desde el comienzo y haber sido concebido también con fines artísticos. Una obra de diseño puede nacer como mera forma técnica exterior de un medio industrial «y adquirir sucesivamente, a través del reconocimiento colectivo por parte del mercado y de los ambientes artísticos», un valor artístico que supera su originario valor meramente técnico y funcional” (comillas internas añadidas) Se trata de una afirmación, sin embargo, que difícilmente puede admitirse…aunque sepamos que tiene mucho de cierto. En rigor, una obra debe serlo desde el origen, con independencia de que la sociedad sea o no capaz de reconocerla como tal.

Así vendría a decirlo la sentencia de 12 de diciembre de 2018 (publ. 16/4/2019) del Tribunal de Apelación de Turín. De ella también se han hecho eco muchos medios jurídicos y no jurídicos (p.e. sistemaproprietaintelletuale.it; sicurmoto.it), aunque no parece estar disponible en abierto (los ciudadanos españoles estamos muy malacostumbrados gracias a la extraordinaria labor del CENDOJ). El Tribunal de Apelación confirma la decisión del Tribunal Ordinario, pero matiza un tanto el argumento para decir que “el reconocimiento colectivo del valor artístico de la obra por parte del mundo cultural” no es lo que constituye o conforma los requisitos de “creatividad y valor artístico que legitiman la tutela autorial”, sino simplemente aquello que “lo hace evidente y representa una prueba”. Sin duda un matiz adecuado para sostener mejor la escenografía de los principios. Una obra objeto de derecho de autor lo es desde su creación, por mucho que el autor haya escrito en prosa sin saberlo (cosa rara) o la sociedad se haya tomado su tiempo para identificarla como tal (algo ya no tan raro).

Nota (17/9/2019).- La Ordinanza mencionada en la «reseña» (que quizá habría que rehacer o completar) puede consultarse en la siguiente dirección: Tribunale Bologna, 20/6/2019, Ferrari 250 GTO